VACACIONES EN GALICIA. 22 de agosto 2017. Frodo, el Monte del Destino y la ley de Murphy
Siguiendo nuestra tradición milenaria, salimos tarde. Nos levantábamos a las 5.30 para salir de casa pasadas las 7. Por si no fuera poco, justo tras coger la M50 nos damos cuenta de que a Patry le faltan los abrigos (en Galicia nunca se sabe) y debemos dar la vuelta. Murphy en estado puro, pues tenemos que esperar un rato hasta que podemos dar la vuelta. Además, un camión deja residuos en la carretera y los coge nuestro coche (ya empezó gafado, el pobriño (hay que ir tomando acento galleguiño, jeje).
Pasadas las 8 nos vamos de verdad, y en el camino Patry tiene la ocurrencia que se convertirá en uno de los guiños de las vacaciones: su imitación de la gacela grácil cuando pasamos por la señal de peligro por ciervos saltarines. Antes de la primera parada en tierras zamoranas comenzamos a sentir el olor a campo (caca de vaca de la buena, eufemimos aparte). Cuando queremos darle esquinazo en la estación de servicio, comprobamos que para desinfectar los baños echan amoniaco puro. Encontramos varios cadáveres a nuestro paso, fulminados por el olor intenso que casi nos deja sin respiración, y marchamos de allí con la pituitaria tocada (pero limpia de gérmenes, je je).
Comienza entonces el baile del aire acondicionado en el coche. Si lo ponemos, nos helamos. Si lo quitamos, nos asamos. Así que cada cinco minutos variamos temperatura hasta que lo volvemos loco. Chema, algo inusual en él, se da cuenta de que se está calentando demasiado, y tras bajar velocidad, no nos queda más remedio que parar en área de descanso (el señor sentado), abrir el capó y esperar que se solucione (¡¡¡vacaciones en peligro!!!).
El resto del camino lo hacemos sin aire acondicionado y sin subir demasiado la temperatura. El coche aguanta, aunque hace amagos de calentarse cada cierto tiempo. Nos asamos vivos pero llegamos a Coruña hechos unos zorros. Cuando conseguimos instalarnos en la habitación, nos duchamos (la camisa de Chema pesaba un quintal, y aún hoy los expertos se preguntan cómo no se desintegró dado el volumen de sudor que contenía). Luego pequeña siesta de Chema mientras Patry veía la tele en la sala anexa (metemos vídeo con vistas de la habitación para que se vea la distribución).
Al despertar, nos convertimos en mecánicos por un rato. Con Pablo al móvil, verificamos que no ha habido fugas externas en el coche, comprobamos el aceite, el anticongelante y llenamos con agua ese depósito. Nos fuimos a dar una vuelta por el Paseo Marítimo, buscamos sin éxito la oficina de turismo, pero en la Plaza de María Pita vimos un concierto de música clásica al aire libre, y la oficina dichosa cerrada, pero ubicada para el día siguiente.
De vuelta al hotel, pizzas del servicio de habitaciones (minipizzas, más bien), e intentamos ver The Last Kingdom, pero la wifi iba mal y no lo logramos, así que acabamos viendo el canal Viajar antes de dormir (lo que se convertiría en un clásico para el resto del viaje).
¡¡¡Hasta mañana!!!
Pasadas las 8 nos vamos de verdad, y en el camino Patry tiene la ocurrencia que se convertirá en uno de los guiños de las vacaciones: su imitación de la gacela grácil cuando pasamos por la señal de peligro por ciervos saltarines. Antes de la primera parada en tierras zamoranas comenzamos a sentir el olor a campo (caca de vaca de la buena, eufemimos aparte). Cuando queremos darle esquinazo en la estación de servicio, comprobamos que para desinfectar los baños echan amoniaco puro. Encontramos varios cadáveres a nuestro paso, fulminados por el olor intenso que casi nos deja sin respiración, y marchamos de allí con la pituitaria tocada (pero limpia de gérmenes, je je).
Comienza entonces el baile del aire acondicionado en el coche. Si lo ponemos, nos helamos. Si lo quitamos, nos asamos. Así que cada cinco minutos variamos temperatura hasta que lo volvemos loco. Chema, algo inusual en él, se da cuenta de que se está calentando demasiado, y tras bajar velocidad, no nos queda más remedio que parar en área de descanso (el señor sentado), abrir el capó y esperar que se solucione (¡¡¡vacaciones en peligro!!!).
El resto del camino lo hacemos sin aire acondicionado y sin subir demasiado la temperatura. El coche aguanta, aunque hace amagos de calentarse cada cierto tiempo. Nos asamos vivos pero llegamos a Coruña hechos unos zorros. Cuando conseguimos instalarnos en la habitación, nos duchamos (la camisa de Chema pesaba un quintal, y aún hoy los expertos se preguntan cómo no se desintegró dado el volumen de sudor que contenía). Luego pequeña siesta de Chema mientras Patry veía la tele en la sala anexa (metemos vídeo con vistas de la habitación para que se vea la distribución).
Al despertar, nos convertimos en mecánicos por un rato. Con Pablo al móvil, verificamos que no ha habido fugas externas en el coche, comprobamos el aceite, el anticongelante y llenamos con agua ese depósito. Nos fuimos a dar una vuelta por el Paseo Marítimo, buscamos sin éxito la oficina de turismo, pero en la Plaza de María Pita vimos un concierto de música clásica al aire libre, y la oficina dichosa cerrada, pero ubicada para el día siguiente.
De vuelta al hotel, pizzas del servicio de habitaciones (minipizzas, más bien), e intentamos ver The Last Kingdom, pero la wifi iba mal y no lo logramos, así que acabamos viendo el canal Viajar antes de dormir (lo que se convertiría en un clásico para el resto del viaje).
¡¡¡Hasta mañana!!!

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